dos cuerpos alborotados, una fígura que conforma el
miedo ligado a otro miedo.
dos piernas alzando
por los aires toda la belleza eléctrica,
la descarga de un sueño donde con leve
continuidad se alzan dos ojos como el desierto en su máxima explosión de hermosura,
el cielo
donde aparecen vigilantes, severos los brazos
esos pequeños acaparadores de la ofrenda del amor.
en el vértice de la ruina
en el vértice del perdón
en la llanura de los solitarios
en el costado equidistante de la innata sensación del amor maternal
está crispada esta noche solar.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada